• Dunia Romero

La pérdida de un bebé no nacido

Una vez nos enteramos que estamos embarazadas (y es un embarazo deseado), la alegría nos invade. Lloramos de emoción. Se lo contamos al papá del/la bebé. A nuestros padres. E incluso a nuestra mejor amiga. Es un momento de júbilo para todos. Finalmente logramos lo que tanto anhelábamos: tener un/a bebé en nuestro vientre.


Algunas veces nos invade también un gran miedo y más si somos primerizas: ¿Qué haremos con este bebé? ¿Cómo lo criaremos? ¿Cómo lo alimentaremos? ¿Y si no para de llorar, qué haremos? ¿Seré una buena madre? ¿Mi pareja será un buen apoyo para nosotros? ¿Cómo se cambia un pañal? Estas y un millón más de preguntas pasan por nuestra cabeza en cuestión de segundos y por varias noches.

Sacamos la cita de ginecología para confirmar que todo está bien con nuestro/a bebé. Llegamos emocionadas a esa cita. Tenemos muchas preguntas para nuestro/a ginecólogo/a.

Y llega ese momento: el ultrasonido. Ese momento inolvidable donde vemos a esa nueva vida por primera vez. Ese momento inolvidable donde escuchamos esos latidos por primera vez.

Hay vida en nuestro vientre. Somos 2 corazones latiendo al mismo tiempo en un solo cuerpo.

Volvemos a casa y es como un sueño hecho realidad. Volamos en una nube.


Y así pasan las semanas y nos vamos preparando para conocer a ese/a bebé. Leemos sobre el parto. Leemos sobre lactancia y sobre crianza. Estudiamos todo lo necesario para darles lo mejor de nosotras mismas. Le preparamos el cuarto, la cuna, decoramos, vamos comprando ropita diminuta.


Y de repente, un día cualquiera, sentimos que algo va mal. Algo no se siente bien en nuestro cuerpo. Nuestra intuición nos alerta que algo está pasando. Nos sentimos diferentes.

Llamamos inmediatamente a nuestro/a médico quien nos dice que vayamos a su consultorio lo antes posible.

Nos hace el ultrasonido. No hay nada. La vida que antes estaba ahí, ya no está. El corazón que latía junto al mío se apagó.

Lloramos desconsoladamente. No sabemos qué pasó. No sabemos por qué falló nuestro cuerpo. Preguntamos por qué a mí. Por qué a mi bebé.

Todo pasa para algo. Todo en la vida nos enseña una lección, por más difícil que sea algunas veces.


Nuestra sociedad Latinoamericana no honra lo suficiente a los bebés que perdemos antes de nacer.

Ellos/as merecen ser recordados por siempre. Merecen ser honrados/as y merecen una despedida. Vinieron a este mundo por un periodo corto de tiempo pero a enseñarnos muchísimo.


Si tienes un/a bebé que no llegó a nacer, te invito a que le dediques un lugar especial en tu hogar. Si guardaste el primer ultrasonido, alguna ropita que le llegaste a comprar, un juguete o su nombre, colócalos en alguna pared o en una mesita.

Honrar a tu bebé no nacido es muy sanador para ti. Te ayudará a aceptar que por algún motivo, él/ella decidió no nacer pero no te dejará olvidarlo/a. Porque alguna vez hubo vida en tu vientre. Alguna vez tuviste 2 corazones latiendo al mismo tiempo en tu cuerpo y esto merece ser recordado y honrado.

Si necesitas compañía o guía en este proceso de despedida, con mucho gusto te puedo acompañar a realizar un pequeño ritual de despedida que servirá para:

-Despedir al/la bebé, ya que en nuestra sociedad no hay un momento ni lugar para despedirlo/a y honrarlo/a.

-Otorgar al/la bebé una identidad y un lugar en la familia, para ser recordado siempre.

-Ayudar a asimilar emocionalmente la situación.

-Vivir el duelo. Si una madre no se permite vivir el duelo y la pérdida, quedará como en un limbo. Sintiendo que algo no ha terminado y esto trae consecuencias en su vida y en su forma de ser y relacionarse con los demás.

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